Las posibilidades legales de un Contrato único

Publicado por Susan Urban el 1 de julio del 2013 en Economía
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Frente a la evidente desproporción de garantías, ventajas y desventajas que presenta la actual estructura laboral española en relación a la dualidad contractual se puede inferir una cosa: si un mínimo porcentaje de los empleados fijos gozan de máxima protección y una parte mayoritaria vive rotando de trabajo temporal en trabajo temporal (o bien cayendo en el paro, considerando que la crisis de llevó un 40% de trabajos de esta índole desde el 2007) será poco lógico esperar que las nuevas generaciones estructuren un futuro sólido y estable imposibilitados de soñar a mediano plazo con mantener su trabajo. La propuesta para combatir esta desigualdad que ya afecta (y promete seguir afectando) a la sociedad tiene nombre y título, y se llama Contrato único.

contrato unico

En España existen 35 tipos de contrato, que se clasifican en fijos o temporales, lo cual significa, (al margen de la inequidad ya mencionada entre las grandes categorías, la excesiva rotación y falta de especialización que se genera en el sector desprotegido de contratación), una maraña legal innecesariamente compleja. Se ha propuesto entonces una reforma laboral, ya que estamos en tiempos de meter mano en todo, de modo tal que se cree un contrato único y estas diferencias excesivas se erradiquen, o al menos se mitiguen.

La propuesta implica una relación proporcional e igualitaria de indemnizaciones por despido, acaso variando en si éste es procedente o improcedente, un estatus único y ecuánime entre todos los contratados. Este tipo de prácticas, claro está, reduciría la displicencia con la que las empresas despiden a sus empleados temporales y les obligaría a ser más estrictos, severos y justos a la hora de establecer relaciones contractuales con todos y cada uno de sus contratados. No obstante, muchos grupos se han alzado contra esta medida tildándola de inconstitucional, aunque no son referentes legalistas o especialistas en la constitución los que toman esta postura. Los principales enemigos de este tipo de reformas son los empresarios, por obvias razones, los sindicatos (que ven en la existencia de los temporales la garantía de las condiciones de los fijos) y la mayoría de los partidos políticos, que actúan usualmente movidos por los intereses de aquellos que los apoyan (sosteniendo y financiándolos), aunque proponer una reforma de esta índole le sumaría una ingente cantidad de votos al partido que la llevar adelante. Nuevamente la falta de capacidad, de proyección y de genuino interés social lo pagan todos.

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